Una tarifa no reembolsable ofrece un precio inferior a cambio de la ausencia de reembolso si el huésped cancela. Reduce el riesgo de cancelaciones y no-shows, pero puede desanimar a quienes no están seguros de sus fechas.
En la práctica: ofrécela junto a una tarifa flexible ligeramente más cara y deja que sea el huésped quien elija el riesgo que prefiere asumir.
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